TOCANDO EL CIELO

Ivan Gómez

 

Así es como se sentía Ivan, el hermano de Xevi Gómez, cuando le vi cruzar con sus manos desnudas y unos pies de gato viejos una de las bóvedas del castillo de Montjuic de Girona.

El sol me daba en la cara y lo que veía era la silueta de una salamandra hermosa arqueándose con elegancia y destreza para superar un techo imposible para muchos, inalcanzable para otros y que acabó con un grito de guerra. El mismo que haría su hermano Xevi Gómez el 21 de Julio de 2013 al hacer cumbre en el GI.

Oscar y yo habíamos ido, invitados por el Grupo de Montaña de Sarrià de Ter, al homenaje que le dedicaban amigos y familiares al alpinista fallecido.

Subimos la empinada cuesta que daba a los arcos del castillo para saludar a Ivan, estaba de espaldas a mi, se giró y le dije : “Hola, tu eres el hermano de Xevi? Pues escalas muy bien!” Cuando le miré los ojos vi mucha vida y supe que no era un hombre de lamentaciones. Su hermano había muerto cumpliendo un sueño y eso era ser afortunado. Una lección de vida. Gracias Ivan.

Yo lloro al escribir estas letras e Ivan ya piensa en ir el año que viene al campo base del G1 para poder hablar con su hermano y dormir cerca de él unas noches.

Nuestros ánimos no le hacían falta, a nosotros sí sus brazos enormes capaces de coger la vida y comérsela a bocados.

David López, compañero de expedición de Xevi estaba abriendo una vía de escalada en honor a este y debajo de él, nos juntamos con Arkaitz Mendia.

El abrazo siguiente fue para la mujer de Xevi, ella había pensado fecha y lugar, el 17 de Agosto, su cumpleaños y aquel castillo en ruinas, pero que anoche le sobraba vida y donde solía ir su marido a trepar.

Cuando Oscar la abrazó se deshizo en un llanto inconsolable, fruto del amor hacia su héroe, permanecieron abrazados un minuto largo y entonces el veterano alpinista la cogió por los hombros y le susurró dulcemente mirándola a los ojos : “Ànims, ànims”

El padre, un hombre valiente y sereno y la madre, una señora encantadora que vivirá con esto toda la vida, resignada, orgullosa por el hijo que tenia, agradecida por las muestras de cariño recibidas y triste muy triste. Una madre que pierde a un hijo no tiene consuelo, lo comprendí cuando la ví. Vivirá pensando que su hijo vivió la vida que quiso, con pasión y que murió cumpliendo un sueño, su sueño y algún día, no lo dudo, irá al campo base del G1 a ofrecerle una manta a su hijo para taparlo de la nieve.

Lanzamos globos blancos con deseos escritos al cielo, el cielo de Xevi. Escuchamos música a la luz de la luna y cenamos una gran barbacoa recordando y brindando por él.

Este no ha sido un ocho mil cualquiera, otro más de la lista. El G1 nos ha marcado a muchos, ha habido desde lagrimas, hasta cambios de residencia, rupturas sentimentales,  reencuentros y desayunos de pan con queso mirando el mar de Tarragona.

Hay muchísima gente a la que agradecer cosas en esta aventura que pasará a la categoría de leyenda : Estel Turbau, Ivan Gómez, Patxi Goñi, Arkaitz Mendia, Mariano Galván, Pablo García, Alfredo García, Penélope Paredes, Teresa Lapresa, José Manuel Velázquez- Gaztelu, Josep Andréu del Port de Tarragona, Josep Poblet de la Diputación de Tarragona, Oda Cadiach, Oscar Cadiach y muy especialmente a la doctora Teresa Bordell del CAP de Cambrils (Tarragona), ya nos lo dijo ella : “ Preocuparos por tener ilusiones que yo me encargo de vuestra salud” Gracias Teresa.

Y sobre todo gracias a todos los que nos habéis apoyado, seguido, sufrido, llorado, reído…sois nuestra fuente de inspiración, sin vosotros las historias no tendrían ni principio ni final, pasarían de largo.

Un gran beso valenciano a todos.

Esther

 

Ascensión y cumbre del GI

FORZA KARAKORAM! PORT DE TARRAGONA AL GI 8068 m.

 

Este año, en las montañas del Karakorum y en el glaciar del Baltoro en concreto con sus cuatro ochomiles el K2 de 8.611m, el Gasherbrum I de 8.068m o también llamado Hidden Peak porque es el único de los cuatro que no se divisa desde el glaciar del Baltoro, el Broad Peak de 8.047m y Gasherbrum II de 8.035m por orden de altura; el tiempo se mostraba seco y con pocas precipitaciones en general.

 

Después de un período inestable de vientos y nevadas durante los días 22, 23, 24 y 25 de julio, en los cuáles se vivió uno de los episodios más duros de nuestro alpinismo con la desaparición de tres compañeros Abel Alonso, Álvaro Paredes y Xevi Gómez, unida a la del principio de temporada de Artur Häzer, toda una leyenda del alpinismo invernal polaco, en el GI. Tres iraníes en el Broad Peak y una chica germana en el río del mismo, mas la del padre e hijo neozelandeses en el K2 debido a una avalancha que se precipitó de por encima del C3 a 7.300m.

Hubo que destacar pocas ascensiones en el Broad, ninguna en el K2, varias en el GII y unas pocas en el GI.

 

Junto a Patxi Goñi realizamos un intento de ascensión del corredor de los japoneses desde el C2 a 6.500m hasta los 7.000m el día 20 y no teniendo clara nuestra progresión, lenta y quizás un poco falta de aclimatación, decidimos darnos la vuelta para estar de regreso al campo base al día siguiente.

 

Una ventana de buen tiempo, con descenso del viento se abría a partir del 26. Las oportunidades de ascensión se iban agotando a medida que el día fijado de regreso era, la llegada al Campo Base de los porteadores, el 29 de julio por la noche, para salir el 30.

 

El mismo 26 a las 2h un reducido grupo de belgas, coreanos, sherpas, neozelandesa, china, malta y yo realizábamos la salida del campo base a 5.000m hacia remontar la travesía del glaciar y alcanzar el C1 a 6.000m unas cinco horas más tarde. Después de descansar, comer e hidratarnos en el siempre agobiante y caluroso campo situado en un ‘plateaux’ a pesar de estar rodeados de enormes masas de hielo, reiniciábamos el ascenso hacia el C2 a 6.500m para llegar antes del anochecer.

 

Con las primeras luces del día 27, remonté de nuevo el corredor de los japoneses, se unieron en el ascenso también dos alpinistas eslovenos y un iraní. El temido corredor, ahora estable y en buenas condiciones desemboca a un lomo donde se instala el C3 a 7.200m. Lugar privilegiado en el momento de ascensión al GI, pero al mismo tiempo también un campo que se puede transformar en una ratonera, muy sometido a los vientos y expuesto a repentinos cambios meteorológicos.

 

A las 22h de la misma noche era la hora indicada para acometer la ascensión, pero un repentino e intenso viento hace abortar la salida posponiéndola para mejor momento. Las horas pasan y sólo el reducido grupo de coreanos, la china Luojing y los eslovenos acceden a conseguir la cumbre el día 28 sobre el mediodía y con O2 suplementario. El viento destruyó un par de tiendas en el C3 y las posibilidades se reducen para el resto de los alpinistas. Durante el día, éste se calma pero no sabemos cuánto va a durar la tregua. La última opción de esta ventana de bueno, será esta próxima noche?

 

Alrededor de la misma hora del 28 aparece el viento de nuevo y las posibilidades se vuelven a reducir, junto al cansancio en altura e hipoxia. Aunque mi deseo es probar esta noche como última oportunidad pues intento mantenerme en buen estado de hidratación y alimentación. Sobre las 2h. del 29, inicio la salida del C3, después de unas tormentosas horas por falta de espacio, teniendo que alojar en mi reducida tienda de una plaza al iraní, a expensas él, de pasar un duro vivac al exterior.

La noche se ha vuelto serena y la expectativa de cumbre se vislumbra como posible. Iluminado con mi linterna frontal veo la progresión de la parte más técnica siempre con crampones, de nieve muy dura y empinada de unos 60º, muchas veces con cuerda, de ésta montaña que tiene forma final de cono, cómo un volcán, guardando cierta similitud con el vecino K2, ya que está dominada por un enorme ‘sérac’ de hielo desde su cúspide . A pesar de que equipado para la ocasión con el traje de plumas y doble gorro empiezo a pasar calor cuando entrado el día y con los primeros rayos de sol estoy cerca de la cumbre.

 

El día es espectacular, despejado y sin nada de viento. Alcanzamos la cumbre del GI de 8.068m en un intervalo de una hora y de 10h a 11h del 29, primero el belga con su sherpa, después el maltés y neozelandesa Chris con su sherpa con O2, conjuntamente conmigo que no uso mascarilla y botella suplementaria. Puedo apreciar la magnitud de todo el Karakorum con exquisita claridad desde el Masherbrum al K2, de Oeste a Norte, pasando por el Broad Peak y GII, admirando el valle Shaksgam del Xinjiang, explorado por nuestras expediciones del los años 1991-1992. ‘Fem Tarragona’ en la cual abrimos la nueva ruta mundial al Broad Peak Central de 8.020 m. junto con Kurt Diemberguer. Diviso desde la cumbre la pendiente del GI, Sur de 7.069m hacia la cima donde estoy, de cuanto nos faltaba aquel 2002, con Lluís Ráfols, Eloy Callado y yo, cuando decidimos darnos la vuelta en nuestro intento al principal GI y después de abrir la ruta al Borges Peak. Y me acuerdo de mis amigos Iñigo de Pineda, Santos Villagrá y Ramón Rosell en el posterior intento de 2006, cuando por dos veces alcanzamos el C3 y la niebla nos echó atrás después de alcanzar los 7.700m de éste, ha ellos dedico la cumbre y a mí familia.

 

El descenso con extremada precaución lo realizo con Greg, el maltés y nos proponemos alcanzar el C3, recoger nuestras pertenencias y la misma tarde seguir ‘rapellando’ el corredor de los japoneses hacia el C2 para entrada la noche descansar unas horas en el C1. Por la mañana llegamos al base sobre las 11h. Cansados por el enorme esfuerzo que supone la ascensión de una cumbre de ochomil metros pero con la alegría en el corazón de haber llegado entero. Patxi me recibe con gran euforia junto con los demás expedicionarios y los porteadores baltís nos esperan para el mismo día descender hasta Concordia, unión de los dos ramales de los Glaciares Godwin Austen y Duqui de Abruzzi, que forman la Y de los 80km del Glaciar del Baltoro que recorreremos en poco más de dos días y un día de vehículos todo terreno por sinuosos caminos desbordados de afluentes y riachuelos del imponente río Braldo, de regreso a Skardu, capital del Baltistán en el corazón del Northem Áreas Pakistaní, de ésta intensa aventura que nos ha deparado nuestra expedición al GI, durante el mes de julio.

 

Gracias por vuestro seguimiento, deseando que las temporadas futuras de montaña no estén marcadas por las desgracias y tristezas acaecidas durante los meses transcurridos en las montañas del Himalaya Nepalí y Karakorum Pakistaní respectivamente de éste año 2013 y dar nuestras más sentidas condolencias a los familiares de los alpinistas fallecidos durante estos meses.

 

Forza Karakorum! Port de Tarragona Expedició.

Agosto 2013. Desde Islamabad.

Òscar Cadiach y Patxi Goñi.

Carta desde Skardu y recuerdo a los tres mosqueteros.

El cuerpo no da para más

 

Sabía que el Baltoro nos lo estaba reservando; no era normal que nos permitiera subir al C.B. sin martirizarnos con su climatología extrema.

Oscar ha bajado de la cumbre y el mismo día que llega al Base nos ponemos en marcha para abajo. Tenemos muchos kilómetros de glaciar por delante y muy pocos días para recorrerlos.

Aunque madrugamos, el calor nos envuelve desde primera hora de la mañana. Voy consumiendo kilómetros de glaciar con la cabeza agachada, mientras traslado mis pensamientos hacia lugares más amables.

Glaciar Superior del Baltoro, Shagalín, Concordia, Glaciar del Baltoro…lentamente todos estos lugares míticos van quedando atrás. Llegamos a Urdukas y un nuevo impacto me detiene en seco…Al llegar al  campamento, sobre una roca blanca, hay tres platos de chapa unidos, sujetos entre si con un alambre. A los pies de cada uno de ellos, una velita todavía da  testimonio del (seguro muy emotivo) acto que sus compañeros les han ofrecido al pasar por aquí de regreso hacia sus casas.

Abel Alonso, Álvaro Paredes y  Xevi Gómez, son los nombres que figuran tallados en estos tres modestos platillos. Es imposible no bajar  la cabeza y revivir las, aunque breves, intensas experiencias que hemos compartido juntos hace escasos días.

Oscar y yo continuamos descendiendo por el Baltoro, ahora más callados de lo habitual, hasta que el calor y el cansancio hacen que nos concentremos en nuestro propio sufrimiento.

Tras 2 jornadas de 12 horas de caminata y más de 60 km de rocas y hielo, abandonamos el Glaciar del Baltoro pero, ya no contamos con su protección frente al calor así que, seguimos cubriendo etapas (Huburshé, Paiju, Jolá, Ascole) totalmente triturados por el astro rey.

El descenso en todoterrenos hasta Skardú merece pasar a los anales de nuestra reciente Historia personal:

El verano está siendo especialmente riguroso en esta zona del Karakorum y los ríos y torrentes de montaña, bajan desbordados, arrasando cuanto se encuentran a su paso camino del unirse al gran río Braldo.

La “carretera” está cortada en varios puntos, bien por riadas, bien por corrimientos de los vertiginosos taludes que caen a pico sobre el embravecido río. El caso es que los lugareños que nos acompañan hasta Skardú, tienen que hacer uso de todas habilidades para poder proseguir el camino.

Las horas van cayendo como si de minutos se tratase y la noche se cierne sobre nosotros. Al girar en una curva del terreno, un ruido ensordecedor acalla el provocado por el convoy de todoterrenos: una descomunal cascada de agua que baja de la montaña ha borrado de un plumazo un buen tramo de carretera. El ruido es ensordecedor y una neblina de vapor de agua en suspensión, debido al impacto del torrente sobre el suelo, lo envuelve todo.

Cuando creemos que nuestro camino ha terminado en este punto, un cocinero, que a buen seguro tiene entre sus ancestros algún buen submarinista de aguas brabas, se introduce en el gélido torrente de agua para liberar del lecho las rocas que puedan obstaculizar el paso de los coches.

Todos asistimos alucinados a semejante alarde de inconsciencia, valentía, o instinto de supervivencia, no sé cómo llamarlo en realidad; el caso es que, tras esos momentos de gran expectación, los camicaces que llevamos por chóferes, se lanzan con sus Toyotas sin miramientos al torrente, impactando sobre el chorro de agua que amenaza con llevárselos torrente abajo. Uno tras otro, los 6 súper todoterreno, van pasando el delicado tramo bajo los gritos y vítores de la gente, que casi consiguen acallar el estruendo del agua sobre el suelo.

Oscar me avisa de que mi petate sobresale demasiado por encima de los demás y antes de que pueda decir ni una sola palabra, una sacudida del agua sobre el coche hace que mis pertenecías salgan despedidas por el aire hacia el torrente que desciende a una velocidad endiablada al encuentro con el Braldo.

Como si alguien hubiese gritado ¡¡Hombre al agua!! alguien se tira literalmente a las negras aguas del río y recupera el petate ante mi petrificada mirada. Estas cosas solo pueden ocurrir en lugares donde viven gentes absolutamente excepcionales, de eso no me cabe ninguna duda.

Varios desbordamientos después, alguno de ellos de lodo, y llegamos a Skardú miles de horas después, con nuestros huesos absolutamente triturados.

Ahora descansamos en Skardú esperando llegar a casa a su tiempo, cosa que, si se parece en algo a la realidad, será por pura coincidencia.

Karakorum forever

Patxi y Oscar

En Memoria